saquen sus propias conclusiones, yo me voy a hacer un mate

  Se pasan las siete de la tarde y mi memoria se fragmenta como la pantalla de un celular al que le dieron un martillazo, una trama de heridas, líneas quebradas bailando en la alfombra de la casa de mi abuela. 

 Fumo hasta las ocho menos veinte y hundo la atención en lo que importa, pero siento que me importa demasiado y me fatigo, me castigo y nunca aprendo. Te voy a contar que desde siempre colecciono pelotitas negras, oscuras y brillantes, parecen imanes pesados y tensos, atados y pujando el magnetismo de mi pecho, pero yo estoy pilla y reconozco la angustia cuando la veo, ahora mismo la tengo guardada en el bolsillo interno de la campera de jean. En realidad debería volver a mis estudios y dejar los caprichitos de ceder a la penumbra, pero esa voz que me habla y me martilla la cabeza es la misma que me convierte en la que redacta los trabajos practicos en grupo, que se pone a la cabeza y que martilla, taca, taca. Yo sé que tengo un cachito de su monstruo en mí, lo siento gatear en los pisos de mi cuerpo, escupiendo fuego en mis entrañas y llorando por su mamá, un bebito llorón un poco feo, con una evidente fijación en la etapa oral... pero pobre, si supiera que no va a poder soltar el pucho. Te miro y te entiendo también. 

¿de donde saco todo el odio que hay en mí si amo tanto a mis amigos? y es muy serio, muchas veces doloroso, porque amo tanto a esos cachorros y no quiero que nunca nadie los lastime, muestro los dientes como mamá lobo y me transformo en la violencia animal, la cacería. La piel del enemigo es fina como las hojas de las biblias baratas que repartían a la salida del colegio, muerdo, arranco y el sabor a clavo oxidado de la sangre me retrae y vuelvo a acordarme de él. Porque el monstruito llora, pero por algo es un monstruo aunque gatea, está determinado por su biología y este espíritu que me tocó cuidar está asociado con la naturaleza, tienen tres empresas a su nombre, en todas fugan dinero, hace unos años les abrieron una causa penal por venderle cigarrillos a menores de edad, pero quedó en la nada por retrasos burocraticos y porque realmente el aparato judicial está ocupado con otras cosas. 

 Se hicieron ocho y media, mis amigos no llegan ni llenan, me dan tanta hambre que no puedo comer y entonces poso, hago ojitos y tiro besos, nunca termino de desnudarme porque todavía no invento el cuerpo que necesito y no hay nada que desnudar. Me da mucho miedo nunca poder inventarlo, me da mucho miedo, ayudame mamá, no seas guacha, estoy acá, viviendo por tu culpa. No, disculpame, no te quise hablar así, es el monstruito que me dieron, son todas las pelotitas negras en mi pecho y los zigzags de las líneas de la casa de la abuela y el abuelo. 

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